
Carta de un desconocido
Hola princesa:
Ayer intente cortarme el pelo para parecerme más al hombre del que te enamoraste. Ese que esta debajo de estos kilos de mas y las cuatro camisas y pantalones de vestir que se cambia todos los días para ir a trabajar. Pero fracase.
Y pensé en lo difícil que es encontrar una peluquería abierta a las 22:00 horas. De verdad lo intente, por más de 3 horas busque la forma de ser el de antes. Tu sabes quien.
En mi camino recordé que no te gustan los poemas y recordé también haberte recitado uno o dos… o tres o cuatro, por celular y email. Pero ahora creo que si abro la boca es solo para causarte disgusto y desilusión. Que diferente soy ahora ¿Verdad?.
Lo bueno de mi pequeño viaje fue descubrir que de Lambramani a la plaza no hay muchos peligros. Solo dos perros que salen de la chacra (uno casi me muerde, pero no pudo hacer nada cuando le hable de ti. Pero esa es otra historia, ¿si quieres te la cuento?, pero no ahora).
La caminata no parece tan larga como se ve. Y es que aun amo el olor de tu recuerdo mezclado con el viento arequipeño tan frió. Tu voz apagando las bocinas de los autos en cada calle, con el último esfuerzo de tus cuerdas vocales afinadas en Mí (ósea yo).
Recuerdo también tus manos diciéndome adiós desde el marco de la puerta. Moviendo los dedos como delicadas tijeras de papel que ahora me cortan el aire cerrando la puerta de espaldas a mí.
Hola princesa:
Ayer intente cortarme el pelo para parecerme más al hombre del que te enamoraste. Ese que esta debajo de estos kilos de mas y las cuatro camisas y pantalones de vestir que se cambia todos los días para ir a trabajar. Pero fracase.
Y pensé en lo difícil que es encontrar una peluquería abierta a las 22:00 horas. De verdad lo intente, por más de 3 horas busque la forma de ser el de antes. Tu sabes quien.
En mi camino recordé que no te gustan los poemas y recordé también haberte recitado uno o dos… o tres o cuatro, por celular y email. Pero ahora creo que si abro la boca es solo para causarte disgusto y desilusión. Que diferente soy ahora ¿Verdad?.
Lo bueno de mi pequeño viaje fue descubrir que de Lambramani a la plaza no hay muchos peligros. Solo dos perros que salen de la chacra (uno casi me muerde, pero no pudo hacer nada cuando le hable de ti. Pero esa es otra historia, ¿si quieres te la cuento?, pero no ahora).
La caminata no parece tan larga como se ve. Y es que aun amo el olor de tu recuerdo mezclado con el viento arequipeño tan frió. Tu voz apagando las bocinas de los autos en cada calle, con el último esfuerzo de tus cuerdas vocales afinadas en Mí (ósea yo).
Recuerdo también tus manos diciéndome adiós desde el marco de la puerta. Moviendo los dedos como delicadas tijeras de papel que ahora me cortan el aire cerrando la puerta de espaldas a mí.